jueves, 2 de febrero de 2012

OTROS MILAGROS DEL PADRE PÍO

Los  Milagros  del  Padre  Pío
 
                 
Es muy difícil establecer una definición para la palabra "milagro". Los Milagros son considerados expresiones de lo sobrenatural. También nosotros podemos decir que un milagro es un fenómeno que ocurre distinto de las leyes naturales y obedecen  a una fuerza más avanzada: ¡la voluntad de Dios! 
Toda la vida del Padre Pío estaba llena de milagros, pero nosotros tenemos que prestar  atención a la naturaleza del milagro que siempre es divino. De esta manera, el Padre Pío siempre convidó a las personas a darle gracias a Dios, verdadero autor de todo milagro.

Un milagro que se ha atribuido como el primero  del Padre Pío ocurrió en 1908. En ese momento él vivía en el convento de Montefusco. Un día en que él fuè al bosque a coleccionar los alazanes en una bolsa; Él quiso enviársela en Pietrelcina a su tía Daría. Ella siempre había sido muy afectuosa con él. La mujer recibió y comió los alazanes y guardó la bolsa de recuerdo. Tía Daría días después,  estaba buscando algo en un cajón dónde su marido normalmente tenía  polvo. Era de noche, y ella se alumbraba con una vela, cuando de repente;  el cajón se incendió. Tía Daría fuè alcanzada por el fuego. En un instante, ella agarrò la bolsa que contuvo los alazanes del padre Pío y se la  puso en la cara. Inmediatamente, su dolor desapareció y ninguna herida o marca de la quemadura permanecían en su cara.
Durante la segunda guerra mundial, en Italia, el pan se racionó. En el convento del Padre Pío había siempre muchos invitados más los pobres que siempre iban allí pidiendo comida. Un día los Frailes se encontraron con que apenas tenían dos libras aproximadamente de pan. Todos los hermanos oraron antes de  sentarse a comer. El Padre Pío entró en la Iglesia, y  rato después  regresó con muchísimo pan en sus manos. El Superior le preguntó al Padre Pío: "¿Dónde usted ha encontrado pan?” El Padre Pío contestó: “me los dìò un peregrino en la puerta". Nadie habló,  pero todos pensábamos que sólo el  Padre Pío podía encontrar a ese peregrino.
Una vez en el convento del Padre Pío, un fraile se olvidó de organizar  el personal para la Sagrada Comunión. Por esta razón habían  solamente unas pocas personas  disponibles. Pero después que terminó de confesar; el Padre Pío organizó a las personas para impartir la Sagrada Comunión; y permaneciendo  en el servicio, fueron mucho más de las que anteriormente habían.
Una hija espiritual del Padre Pío estaba leyendo una carta del Padre Pío en el borde del camino. El viento se llevó la carta, hasta el declive de un prado. La carta ya estaba lejos, cuando de pronto se  detuvo, debajo de una piedra. De esta manera la mujer pudo recuperar su carta. El día, en que  después ella encontró al Padre Pío éste  le dijo: "Usted tiene que prestar más atención al viento la próxima vez. Si yo no hubiera puesto mi pie en la carta, ésta se hubiera perdido." 
La señora Cleonice, hija espiritual del Padre Pío dijo: - "Durante la segunda guerra  mundial mi sobrino estaba prisionero. Nosotros no habíamos recibido noticias durante un año; y creíamos que él estaba muerto.  Sus padres pensaban lo mismo. Su madre fue un día a ver al Padre Pío y se arrodillaba delante del fraile que estaba en el confesionario.  "Por favor Padre, dígame si mi hijo está vivo. Yo no me marcharé, hasta que UD no me conteste". El  Padre Pío simpatizó con ella  y FOTO15.jpg (4797 byte)teniendo piedad de sus lágrimas le dijo: "Levántese, y quédese tranquila”.  “Días  después yo no resistía el dolor que los padres estaban sufriendo, por lo que yo decidí pedirle un milagro, al Padre Pío. Yo dije fielmente: "voy a escribir una carta a mi sobrino Giovannino. Solamente escribiré su nombre en el sobre, porque nosotros no sabemos donde está. Usted y su Ángel Guardián llevarán le llevarán la carta. “El Padre Pío no contestó, yo escribí la carta, y la dejé en mi mesa de noche, para por la mañana siguiente entregarla al Padre Pío.  Para mi gran sorpresa,   asombro y miedo; la carta se desapareció. Inmediatamente le dì gracias al Padre Pío y él me dijo: "Dé sus gracias a Nuestra Señora". Casi quince días después nuestro sobrino contestó  la carta.  Entonces todos en nuestra familia estábamos contentos; y dando gracias a Dios y al Padre Pío."
Durante la segunda guerra  mundial, el hijo de  la señora Luisa; Oficial de la Marina Real Británica, era motivo de angustia para su madre; pues ésta oraba todos los días por la conversión  y la salvación de su hijo. Un día llegó un peregrino inglés a San Giovanni Rotondo, y trajo algunos periódicos ingleses. Luisa quiso leerlos. Ella leyó la noticia del hundimiento del barco en que su hijo viajaba Llorando va a ver al Padre Pío quien la consoló inmediatamente: ¿Quién le ha dicho que su hijo está muerto? De hecho, el Padre Pío; le pudo explicar exactamente el nombre y la dirección del hotel en dónde estaba su hijo, después de que él escapó del naufragio en el Atlántico. Él se acomodó en ese Hotel, mientras esperaba un nuevo cargo. Inmediatamente Luisa le envió una carta; y a los 15 días,  su hijo le respondió.
Había una mujer tan noble y buena en San Giovanni Rotondo que el Padre Pío dijo que era imposible, de encontrar cualquier falta en su alma, para perdonar. En otros términos; ella vivió para ir al cielo. Al final de la Cuaresma, Paolina, estaba tremendamente enferma. Los doctores no daban esperanzas. Su marido y sus cinco niños fueron al convento a orar  al Padre Pío y pedirle ayuda.  Dos de los cinco niños tiraron del hábito del Padre Pío y lloraron. ¡Pío Padre se perturbó; e intentó consolarlos y prometió orar por ellos, nada más!  Algunos días después, al principio de la Séptima hora,  las cosas cambiaron. De hecho él pidió por Paulina, para que sanara y dijo a todos: "Ella  se recuperará el Día de Pascua. Pero durante el viernes santo, Paolina perdió la conciencia, y el sábado entró en estado de coma; finalmente, después de algunas horas Paolina murió. Algunos de sus parientes tomaron su traje de novia para ponérselo según una vieja tradición. Otros parientes corrieron al convento para pedirle un milagro al Padre Pío. Él les contestó: "Ella  resucitará” y  fuè al altar para dar la Santa Misa. Cuando el  Padre Pío empezó a cantar el Gloria y el sonido de las campanillas que anuncian la resurrección de Cristo, la voz del Padre Pío rompió en llanto y sus ojos estaban llenos de lágrimas. En el mismo momento Paolina resucitó y sin ninguna ayuda ella bajó de la cama, ella se arrodilló y  oró tres veces el Credo. Luego se levantó y sonrió. "Ella resucitó". De hecho el  Padre Pío no había dicho, "ella se recuperará" sino "ella resucitará". Cuando le preguntaron, que le pasó durante el tiempo que ella estaba muerta; contestó: "Yo subí, subí, subí; hasta que entré en una gran luz,  y de pronto regresé.
Testimonio de una madre: “Mi primera hija,  nació en 1953; el  Padre Pío, le salvó la vida en forma repentina y milagrosa, hacen 18 meses. En la mañana del 6 de enero de 1955 mi marido y yo estábamos en la iglesia para asistir a la Santa Misa  y nuestra hija estaba en casa con su abuelo. Repentinamente aconteció un accidente,  y nuestra hija se quemó con una olla de agua caliente. La quemadura era tan grande como grave; le abarcaba desde el estómago hasta la parte de atrás. El doctor recomendó hospitalizarla inmediatamente; porque podía morirse debido a su estado de suma gravedad... Por esta razón él no nos dio ninguna medicina.  Desesperada al ver moribunda a mi hija, en lo que el doctor se fuè; invoqué fuertemente al Padre Pío, que interviniera urgentemente, mientras me preparaba  para llevarla al hospital, ya casi era la hora del medio día; cuando de pronto la niña que estaba sola en su cuarto me llamó “Mamà, mamà, ya no tengo ninguna herida”. ¿Y quién ha desaparecido tus heridas, pregunté asustada y con gran  curiosidad? Ella contestó. “mamà el Padre Pío vino, él sanó mis heridas poniendo sus manos llagadas sobre mi quemadura”. Para asombro de todos, realmente no había ninguna seña ni marca de que hubiera alguna quemada; el cuerpo de mi hija estaba completamente sano, y pensar que unos minutos antes el medico la desahució.
Los campesinos de San Giovanni Rotondo recuerdan con gran alegría el evento siguiente. Era en primavera, florecieron los árboles de almendras prometiendo una buena cosecha. Pero desgraciadamente millones de orugas voraces llegaron y devoraron  las hojas y  las flores.  No dejaron ni siquiera la cáscara. Después de dos días y después de intentar detener esa invasión, los campesinos  estaban muy preocupados, ya que para muchos de ellos las almendras eran el único recurso económico - decidieron contarle al Padre Pío el problema. El Padre Pío tenía una hermosa  vista de  los árboles a través  de su ventana  en el convento y  decidió bendecirlos.  Se puso las sagradas vestiduras y empezó a orar. Cuando  terminó, tomó el agua bendita e hizo la señal de la Cruz en el aire, en  dirección a los árboles. De inmediato desaparecieron las orugas, y al día siguiente de que las orugas habían desaparecido,  los árboles de  almendras,  parecían nuevamente tener los retoños. Era un desastre; la cosecha  estaba perdida.  ¡Lo que pasó luego es realmente increíble!  Teníamos de repente la cosecha más abundante; ¿Cómo es posible que tuviéramos una cosecha más abundante que las que normalmente teníamos? Antes nunca, en tiempos normales habíamos tenido una cosecha así. Los científicos nunca han podido dar una explicación a éste fenómeno.
En el jardín del convento habían varios tipos de  árboles; los cipreses, algunos de fruta y algún pino. Sobre todo por las tardes de verano, el Padre Pío disfrutaba del clima, en la sombra, junto con sus amigos, y algún invitado, Una vez cuando el Padre Pío estaba hablando con algunas personas, repentinamente muchísimos pájaros comenzaron a cantar y a hacer  ruido a la sombra de los árboles. Los pájaros habían compuesto una sinfonía allí; Mirlos, gorriones, y otras especies. El Padre Pío se molestó por la sinfonía, y  mirando a los pájaros les dijo: “silencio "  En ese mismo instante, los pájaros, los grillos y las cigarras se quedaron callados.  ¡Las personas que estaban en el jardín, se encontraban profundamente sorprendidas! De hecho el Padre Pío había hablado a los pájaros, al igual que  San Francisco. 
Otro testimonio, de un señor que contó: “Mi madre vino de Foggia y era una de las primeras hijas espirituales del Padre Pío. Ella le había pedido al Padre Pío la conversión  y protección  de mi padre"; cuando en abril de 1945 lo iban a fusilar. Él se encontraba delante del pelotón de fusilamiento; cuando de pronto viô al padre Pío delante de él  para protegerlo. El comandante del pelotón dìò  la orden de disparar; pero ningún tiro se disparó de los rifles que lo apuntaban Los siete miembros del pelotón y su comandante, sorprendidos, verificaron sus rifles y no encontraron ningún problema. Así que el pelotón; apuntó  de nuevo a mi padre, y el comandante pidió a sus soldados; disparar de nuevo, Y nuevamente ocurre lo mismo. Los rifles no funcionaron. Esta realidad misteriosa e inexplicable interrumpió la ejecución. Mi padre regresó a casa y se convirtió, recibió  los santos sacramentos en San Giovanni Rotondo cuando fuè a agradecer al Padre Pío. De esta manera mi madre obtuvo los milagros que ella siempre había pedido al Padre Pío: ¡la conversión de su marido!
Testimonio del Padre Honorato: “Yo fui a San Giovanni Rotondo con un amigo  en motocicleta. Llegué al convento algunos minutos antes del mediodía. Dando mis respetos al superior, me dirigí al confesionario a saludar  al Padre Pío y  besar su mano. Debe tenerse en cuenta que mi modelo de  motocicleta se llamaba  "avispa". Al verme el Padre  Pío me dijo: “Muchacho,  ¿la "avispa" lo pinchó? " Yo estaba bastante sorprendido: de hecho el Padre Pío no me había visto cuando  llegué al convento, pero él sabía qué tipo de transporte yo usaba. La mañana siguiente  de que nosotros dejamos a San Giovanni Rotondo con mi "avispa"  y partimos a San Miguel, el pueblo cercano a San Giovanni Rotondo. El tanque de gasolina iba vacío, por lo que  nosotros decidimos llenarlo en Monte San Angelo. Pero en cuanto nosotros alcanzáramos ese pueblo pequeño se nos presentó un problema: todas las bombas de gasolina estaban cerradas. De manera que decidimos regresar a San Giovanni Rotondo. Realmente nosotros esperamos encontrar a alguien en el camino que pudiera darnos un poco de gasolina. En primer lugar yo estaba angustiado por mis hermanos del convento, porque iba a llegar tarde a la hora del almuerzo; cosa que no es gentil... Pero sin la gasolina, a  los pocos kilómetros, la moto empezó a hacer  ruido y se detuvo. Verificamos el tanque, y estaba vacío. Con  tristeza  le dije a mi amigo, que teníamos sólo diez minutos para llegar al convento y almorzar con nuestros hermanos. No encontrábamos ninguna solución, y por esta razón, mi amigo, dìò un puntapié al pedal. ¡Increíble! ¡La motocicleta arrancó de nuevo! Emprendimos inmediatamente el viaje a San Giovanni Rotondo sin preguntarnos  la razón  de porque la motocicleta había arrancado sin  gasolina. Cuando llegamos a mitad del convento  la motocicleta paró de nuevo. Destapamos el tanque y vimos que todavía estaba seco. Asombramos miramos nuestros relojes: era diez minutos antes de la hora del almuerzo. Significaba que nosotros, habíamos cubierto quince kilómetros en un promedio de 180 kilómetros por hora. ¡Sin la gasolina! Yo entré  al convento mientras los hermanos estaban bajando para el almuerzo, y cuando  Fuì a buscar  al padre Pío, éste; se quedó mirándome y se reía.
En mayo de 1925.  María tenía su bebé enfermo de nacimiento. María estaba muy angustiada por su bebé. De hecho, después de una visita médica, le dijeron que su niño tenía una enfermedad muy complicada. No había esperanzas para él: jamás  se podría recuperar.  María decidió ir en tren a San Giovanni Rotondo. Ella vivía en un pueblo pequeño al sur de Puglia, pero escuchando los milagros del Padre Pío, del fraile que tenía los estigmas de Jesús y que hacía  milagros, a los enfermos y daba  esperanza a los desgraciados; surgió en ella una gran fe e  inmediatamente se fuè de viaje, pero durante el trayecto  el bebé se murió. Ella había vigilado su cuerpecito toda la noche, y lo puso en la maleta y la  cerró...  Al día siguiente de ver morir a su hijo, estaba en el convento de San Giovanni Rotondo.  ¡Ya no había ninguna  esperanza! El niño estaba muerto. Pero Maria no había perdido su fe. Por la tarde  estaba delante del Padre Pío. Se encontraba en la  fila de la confesión y tenía en sus manos la maleta que contenía el cadáver de su hijo. Se había muerto veinticuatro horas antes. Se arrodilló delante del Padre Pío y  lloró desesperadamente suplicándole ayuda. Él la miró profundamente. La madre abrió la maleta, y le mostró el cadáver de su hijo  al Padre Pío. El pobre Padre se condolió hasta las entrañas por el dolor de ésta madre. Tomó el pequeño cuerpo y puso sus manos estigmatizadas en su cabeza, y entonces  oró mirando al cielo. Después de un rato, la  pobre criatura  estaba viva de nuevo. Un gesto, un movimiento de los pies, los brazos... parecía dormido y simplemente se despertó después de un sueño largo. Hablando a la madre le dijo: "¿Mima, por qué usted está llorando? Su hijo está durmiendo " La madre y los gritos de la muchedumbre llenaron  la iglesia. ¡Todos hablaban sobre el gran milagro! 
Un ingeniero decidió quedarse hasta tarde en el convento, pero cuando decide irse comenzó a llover... Así que él le dijo al Padre Pío: "Yo no tengo ningún paraguas " "¿Podría quedarme aquí hasta por la mañana? Si no,  me mojaré." - "Yo lo siento mi estimado, no es posible. ¡Pero no se preocupe! ¡Yo lo acompañaré! “le contestó el  Padre Pío. Pero el ingeniero pensó que habría sido mucho mejor no hacer esa penitencia, sin embargo, podría ser menos riguroso con la ayuda del Padre Pío. Se puso su sombrero, y empezó a caminar dos millas entre el convento y el pueblo. Pero en cuanto él salió  viô con sorpresa que ya no estaba lloviendo. Simplemente había un pequeño rocío cuando llegó a su casa. "Mi Dios", la mujer exclamó, cuando abrió la puerta "Usted también debe estar  mojado hasta  los huesos”  “en absoluto" el ingeniero contestó - "no está lloviendo". Los campesinos que estaban enmudecen: "¿Qué! ya no está lloviendo? ¡Está vertiendo! ¡Escuche! “ellos abrieron la puerta de nuevo y estaba lloviendo demasiado fuerte Y le contaron que había estado lloviendo durante una hora sin  interrupción. "¿Cómo usted pudo venir sin mojarse? Ellos le preguntaron. El ingeniero contestó: "El Padre Pío me dijo, que me acompañaría"; entonces, los campesinos comprendieron que había sido un milagro más  del Padre Pío. "Ahora todo está claro, y se encontraron en la cocina para cenar cuando la mujer dijo: "Con seguridad la compañía del Padre Pío es mucho mejor que un paraguas " 
Un señor de Ascoli Piceno (una ciudad italiana) dijo: "Hacia el fin de los años 1950, yo fuì a San Giovanni Rotondo con mi esposa, a la confesión, y antes de que yo recibiera la absolución, después del consejo del Padre Pío y  efectuada la penitencia. Por la tarde  estaba todavía en el convento y el Padre Pío me viô de nuevo y me dijo: ¿Usted todavía está aquí?  "Mi ratón no arrancó" le contesté: ¿Qué es exactamenteel ratón? el Padre Pío preguntó "Es mi automóvil" contesté. “Vamos y démosle una mirada" me dijo. Él me invitó a dejar el monasterio, cosa  que nosotros hicimos sin ningún problema. Nosotros viajamos toda la noche y por la mañana siguiente, lo llevé al mecánico.  Quién me dijo, después del chequeo; que el sistema eléctrico del automóvil estaba descompuesto. Y él no me creyó cuando  le dije que yo había viajado con el automóvil toda la noche. De hecho era imposible  cubrir doscientas millas, entre San Giovanni Rotondo y Ascoli Piceno, con el carro en aquél estado, entonces yo comprendí que el Padre Pío me había ayudado, yo le agradecí en mi mente, y estoy seguro que me ha escuchado. 
Testimonio de una buena mujer pero algo tímida. Nunca era necesario repetir la misma frase al Padre Pío. Bastaba con pedírselo mentalmente. El esposo de esta buena mujer se encontraba muy enfermo. Ella corre al convento en busca de ayuda. Pero no sabía como localizar al Padre Pío, pues para una confesión, había que esperar hasta 3 días. Así durante la  Santa Misa ella estuvo todo el tiempo de pie y caminaba de un lado al otro de la Iglesia. Finalmente  decidió decirle   su problema, y pidió en ese instante la ayuda del Padre Pío a Nuestra Señora. Así, al final de la Santa Misa, cruzó nuevamente la iglesia para hablar con él... Finalmente ella logró  alcanzar el corredor por donde el pasaría. En cuanto el padre Pío la miró, le dijo: "mujer que poca fe, ¿cuándo usted pedirá mi ayuda finalmente? ¿Usted piensa que yo soy sordo? Usted ya me lo ha dicho cinco veces, cuando usted estaba delante de mí, detrás de mí, a  mi derecha y a mi izquierda. ¡Yo entendí! ¡Yo entendí! ¡Vaya a su casa! Todo està bien. Cuando llegò a su casa; su esposo estaba completamente sanado.
En la crónica del convento, en la fecha del 23 de octubre de 1953, se puede leer esta anotación. 
"Esta mañana la Señorita Amelia Z., ciega nata, de 27 años, ha venido desde la provincia de Vicenza y ha recibido la vista. Después de su confesión ella le ha preguntado al Padre Pío por su vista. El Padre le ha contestado: "Ten fe y ruega mucho". En el mismo instante la joven chica vio al Padre Pío: el rostro, la mano que bendijo, los medios guantes que escondieron los estigmas.  La vista ha ido rápidamente aumentando, hasta que la joven ya vio bien de cerca. Le dijeron al Padre Pío acerca del milagro y él dijo: "Demos gracias a Dios." 
Luego la joven los preguntó al padre Pío si tendría la vista completa y contestó: “poco a poco vendrá todo."
 
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martes, 17 de enero de 2012

Más Allá de las Palabras / Jacobo Zarzar Gidi

Más Allá de las Palabras / ESTIGMAS Y MILAGROS DEL PADRE PÍO

Por: Jacobo Zarzar Gidi





El don de profecía es una gracia especial que Dios concede a algunas almas privilegiadas para prever cosas o predecir acontecimientos futuros. El padre Pío tuvo este don y se sirvió de él para el bien de las almas. El señor Alberto Galleti, muy amigo del cardenal Montini, Arzobispo de Milán, en junio de 1956 fue a San Giovanni Rotondo y llevó los saludos del Cardenal Montini al padre Pío y le pidió una bendición especial para su Arzobispo.- \"No una bendición, sino un río de bendiciones\" -dijo el padre Pío. Y añadió: \"Tú debes decirle al Cardenal Montini que después de éste, él será Papa. ¿Has entendido? Tienes que decírselo, para que se prepare\".

Cuando el joven sacerdote polaco Karol Wojtyla acudió a San Giovanni Rotondo en el verano de 1947, platicó largamente y se confesó con el padre Pío. Se sabe que en aquella ocasión el monje capuchino le dijo al joven sacerdote: -\"Serás Obispo y llegarás a ser Papa... y en tu vida correrá mucha sangre\". La doctora Wanda Poltawska, polaca de origen, relata en sus memorias, que a causa de una grave enfermedad estaba en el hospital esperando ser operada. La intervención quirúrgica, según los médicos, aunque tuviera éxito, no le iba a dar más que un año de vida. La señora Wanda enseñaba psiquiatría en la Universidad de Cracovia, y en aquel tiempo era colaboradora del Arzobispo Karol Wojtyla y estaba ligada a él por una profunda estimación.

En aquellos meses el Arzobispo estaba en Roma en ocasión del sínodo de Obispos. Cuando supo de la gravísima enfermedad de la doctora, se acordó que en San Giovanni Rotondo tenían a un gran amigo, el padre Pío, que había conocido y visitado en el año de 1947, durante unas vacaciones de verano.

El 17 de noviembre de 1962 le escribió la siguiente carta: \"Venerable padre, te ruego que eleves a Dios una oración por una madre de cuatro hijas, de Cracovia. Está en gravísimo peligro de perder la vida por un cáncer en la garganta. Ruega para que Dios, por la intercesión de la Santísima Virgen, le muestre su misericordia a ella y a su familia\". La carta le fue entregada personalmente al padre Pío por medio del señor Ángel Battisti, administrador de las obras sociales de San Giovanni Rotondo.

El padre Pío, después de haber leído la carta, dijo a don Ángel: -\"¡A éste no se le puede decir que no!\". Luego, después de un silencio de varios minutos, añadió: \"-Angelito, guarda esta carta, porque un día será importante\". Once días más tarde, precisamente el 28 de noviembre, el Arzobispo de Cracovia volvía a enviar a San Giovanni Rotondo una segunda carta en la que daba gracias a Dios y al padre Pío porque en los últimos exámenes clínicos que le practicaron a la doctora Wanda, poco antes de la operación, los médicos descubrieron que el tumor maligno había desaparecido.

\"En nombre de la señora Wanda, de su esposo, de sus hijas y mío -decía la carta-, te agradezco, venerable padre\". Durante la tarde del 9 de enero de 1940, el padre Pío reunió a tres de sus grandes amigos espirituales: el farmacéutico Carlos Kisvarday, el médico Guillermo Sanguinetti y el agrónomo Mario Sanvico. Les propuso: -\"Desde esta tarde inicia mi gran obra aquí en la Tierra\". Se trataba del proyecto de fundar un hospital que habría de llamarse \"Casa alivio del sufrimiento\".

El padre Pío sacó del bolsillo una moneda de oro que había recibido como regalo de una anciana desconocida y dijo: \"-Ésta es la primera piedra\". La finalidad de este hospital ha sido curar al enfermo tanto espiritual como científicamente. La Casa alivio resultó uno de los mejores centros hospitalarios de Italia, dotado de las instalaciones más modernas. Tiene incluso terrazas para helicópteros para un más rápido transporte de los enfermos y accidentados, laboratorios, farmacia, central termoeléctrica, imprenta, cine y capilla. Cincuenta médicos y más de trescientos empleados que atienden a un millar de enfermos.
El primer responsable de la \"Casa alivio del sufrimiento\", fue el doctor Sanguinetti que antes de ser seleccionado por el padre Pío era masón y comecuras. Allá por el año de 1940, el doctor aceptó acompañar a su esposa Emilia a San Giovanni Rotondo, pero solamente como \"chofer de su mujer\". Cuando el padre Pío lo vio de lejos, lo llamó por su nombre, como si fuera un amigo de toda la vida, y le dijo: \"-He aquí el hombre que buscaba para mi hospital\". \"-¿De qué me conoces?\", -le contestó sorprendido el doctor. \"-Eso no importa. Ve y vende lo que tienes en Florencia y ven a vivir aquí\", -le contestó con decisión el padre.

\"-Eso es imposible, soy pensionado y mis pocos ahorros no son suficientes ni siquiera para construir una casita en este pueblo\". \"-Tú tienes un papel guardado en casa, -replicó misteriosamente el padre Pío- que solucionará el problema\". En efecto, poco después, el doctor Sanguinetti ganó un premio en un sorteo de bonos, se construyó una modesta casita y se dedicó de tiempo completo a la \"Casa alivio del sufrimiento\", como médico y director hasta 1954, año de su muerte. Cuando una mañana le comunicaron al padre Pío la muerte repentina del doctor Sanguinetti, lloró como un niño. Juan Gigliozzi estaba con el padre Pío aquella mañana y cuenta que escuchó de su boca unas palabras desconcertantes: \"-Jesús, me lo has escondido. ¡De haberlo sabido, te lo hubiera arrancado!\". Palabras tremendas que demuestran cuánta confianza y familiaridad tenía el padre Pío con Jesucristo, y cuánta estimación por su amigo Sanguinetti.

zarzar@sinteg.net



Más Allá de las Palabras / ESTIGMAS Y MILAGROS DEL PADRE PÍO

Por: Jacobo Zarzar Gidi


(Segunda parte)
Al P. Pío le tocó un día recibir en confesión a un joven señor que estaba pensando asesinar a su esposa para abandonarse libremente a una pasión ilícita. Para alejar toda sospecha, acompañó a su esposa a ver al P. Pío, y se presentó en su confesionario. Cuando llegó su turno y se arrodilló ante el monje, se sintió empujado con fuerza por él, mientras el religioso le gritaba: -?¡Fuera de aquí! Tienes las manos con olor de sangre, y ¿quieres también confesarte??. El hombre huyó sacudido por la impresión de aquellas fuertes palabras. No durmió durante varias noches, pero por fin, una mañana temprano volvió a la iglesia para asistir a la misa del P. Pío. Luego fue a la sacristía y lo recibió el Padre como al hijo pródigo: con ternura y alegría el P. Pío le puso su mano llagada sobre la cabeza y lo confesó.
El P. Pío tenía también el poder de la clarividencia espiritual por medio de la cual se conoce el estado de la conciencia moral del prójimo, que vienen a ser los secretos más escondidos del corazón. Un día estaba el P. Pío en el confesionario de la sacristía y no dejaba de mirar a un señor que permanecía en medio del grupo de hombres esperando el turno para confesarse. Se dieron cuenta los demás y le hicieron señas que se acercara. Cuando estuvo cerca del confesionario, el P. Pío en voz baja le dijo: -?Padre, si no se pone la sotana, no lo confieso?. Se trataba de un religioso dominico que había ido a verificar personalmente lo que se decía del P. Pío.

El don de profecía es una gracia especial que Dios concede a algunas almas privilegiadas para prever cosas o predecir acontecimientos futuros. El P. Pío tuvo este don y se sirvió de él para el bien de las almas. El señor Alberto Galleti, muy amigo del cardenal Montini, arzobispo de Milán, en junio de 1956 fue a San Giovanni Rotondo y llevó los saludos del cardenal Montini al P. Pío y le pidió una bendición especial para su arzobispo. -No una bendición, sino un río de bendiciones -dijo el P. Pío. Y añadió: -Tú debes decirle al cardenal Montini que después de éste, él será Papa. ¿Has entendido? Tienes que decírselo, para que se prepare.

Se conoce también lo que le dijo el P. Pío al joven sacerdote Karol Wojtyla cuando en el verano de 1947 fue a San Giovanni Rotondo para encontrarse con él. Platicaron largamente, y después se confesó con el sacerdote de los estigmas. Se sabe que en aquella ocasión el P. Pío le dijo al sacerdote: -Serás obispo y llegarás a ser Papa, y en tu vida correrá mucha sangre.

Cuenta la profesora Wanda Poltawska, polaca, que a causa de una grave enfermedad estaba en el hospital esperando ser operada. La operación, según los médicos, aunque tuviera éxito, no le iba a dar más que un año de vida. La señora Wanda enseñaba psiquiatría en la Universidad de Cracovia, y en aquel tiempo era colaboradora del arzobispo Karol Wojtyla ? que posteriormente se convirtió en Juan Pablo II- En aquellos meses el arzobispo estaba en Roma en ocasión del sínodo de obispos. Cuando supo de la gravísima enfermedad de la doctora, se acordó que en San Giovanni Rotondo tenía a un gran amigo, el P. Pío, que había conocido y visitado en el lejano año de 1947, durante unas vacaciones de verano. Por lo tanto, el 17 de noviembre de 1962 le escribió la siguiente carta: ?venerable Padre, te ruego que eleves a Dios una oración por una madre de cuatro hijas, de Cracovia, que pasó cinco años en un campo de concentración de Alemania. Está en gravísimo peligro de perder la vida por un cáncer en la garganta. Ruega para que Dios, por la intercesión de la Santísima Virgen María, le muestre su misericordia a ella y a su familia?. El P. Pío, después de haber leído la carta, dijo al mensajero Ángel Battisti, administrador de las obras sociales de San Giovanni Rotondo: -¡A éste no se le puede decir que no! Y añadió: -Guarda esta carta, porque un día será importante-. Once días más tarde, precisamente el 28 de noviembre, el arzobispo de Cracovia volvía a enviar a San Giovanni Rotondo una segunda carta en la que daba gracias a Dios y al P. Pío porque en los últimos exámenes clínicos que le practicaron a la doctora Wanda, poco antes de la operación, los médicos descubrieron que el tumor maligno había desaparecido. ?En nombre de la señora Wanda, de su esposo, de sus hijas y mío ?decía la carta- te agradezco, venerable padre?.

El fenómeno de la bilocación, como el término lo dice, consiste en la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares distintos. Es una manifestación del poder de Dios para que una persona pueda socorrer a otra y hacerle un bien. Durante la Segunda Guerra Mundial, varios pilotos anglo-norteamericanos sobrevolaban el Gargano para bombardear la región, y no lo pudieron hacer. Era el territorio del P. Pío. Cuentan que veían delante de ellos a un fraile que tendía los brazos y les impedía desenganchar las bombas. Terminada la guerra, varios de ellos fueron a San Giovanni Rotondo y ?con absoluta certeza? reconocieron en el P. Pío al fraile que se metía delante de sus cazabombarderos en pleno vuelo.

Se sabe que el P. Pío llevaba una vez al mes la comunión a la famosa mística Teresa Musco que vivía cerca de Caserta, a muchos kilómetros de San Giovanni Rotondo. Teresa Musco tuvo los estigmas como el P. Pío, sufrió la Pasión del Señor y fue llamada por esto ?la mensajera de sangre?. En su diario ella llama al P. Pío ?el visitador de cada mes?. (El monje capuchino pudo hacer esto por medio de su poder de bilocación que le permitía estar espiritualmente en dos sitios al mismo tiempo).

Un día el P. Pío escribió una carta a su director espiritual para pedirle permiso de ?ofrecerse como víctima? por las almas del purgatorio (ofrecerse a Dios como ?alma víctima? significa estar dispuesto a sufrir lo que sea necesario para beneficio espiritual de otra persona que aún vive o de algunas almas que están padeciendo, como es el caso de las que se encuentran en el purgatorio). Este deseo fue creciendo cada vez más en el corazón del P. Pío, hasta el punto de transformarse en una verdadera pasión. Al director espiritual le fue favorable dicha petición, y el P. Pío, apoyado por la obediencia, hizo este acto heroico. Desde aquel momento no hubo ninguna barrera entre él y las almas del purgatorio. De esa manera el P. Pío se dio cuenta que el fuego del purgatorio es más fuerte que el fuego natural, sin embargo el sufrimiento mayor es la privación de Dios, aunque se sufre con la hermosa esperanza.

Un verdadero retrato del P. Pío estaría incompleto si no se diera el debido realce a su devoción mariana. Su amor a la Virgen se expresaba en particular por el rezo del santo rosario que llevaba siempre enrollado en la mano o en el brazo, como si fuera un arma empuñada. Una tarde el P. Pío estaba enfermo en su cama y lo asistía su sobrino Mario. El tío le dijo: -Mario, tráeme el arma. El sobrino buscó por aquí y por allá en la celda del monje, sobre la mesa, en el cajón. ?Pero, tío, no encuentro ningún arma. -Mira en el bolsillo de mi hábito. El sobrino buscó en el amplio bolsillo. Y nada. -Tío, solamente está tu rosario. -¡Tonto!, ¿no es ésa el arma? -?Toma esta arma?, le había dicho una vez en sueños la Santísima Virgen.

zarzar@sinteg.net

Más Allá de las Palabras / ESTIGMAS Y MILAGROS DEL PADRE PÍO

Por: Jacobo Zarzar Gidi



(Tercera parte)
Una de las más grandes obras que realizó el Padre Pío fue el hospital llamado Casa Alivio del Sufrimiento. A causa de la Segunda Guerra Mundial, los trabajos no pudieron empezar sino hasta mayo de 1947. El cinco de mayo de 1956, fiesta de su Patrono San Pío V, se inauguró el hospital con la bendición del cardenal Lercano y un inspirado discurso del Papa Pío XII. La finalidad de este hospital es la de curar al enfermo tanto espiritual como científicamente. Así lo expresó el Papa en su discurso: ?la fe y la ciencia, la mística y la medicina deben ponerse de acuerdo para auxiliar a la persona del enfermo toda entera: cuerpo y alma?.


Los grandes pilares de este hospital fueron tres de sus amigos espirituales: el farmacéutico Carlos Kisvarday, el médico Guillermo Sanguinetti y el agrónomo Mario Sanvico. El P. Pío sacó del bolsillo una moneda de oro que había recibido como regalo de una viejita desconocida y dijo: -Ésta es la primera piedra.


El principal responsable de la Casa Alivio fue el doctor Sanguinetti que por mucho tiempo fue enemigo de la iglesia católica y de los sacerdotes. En 1940, el doctor aceptó acompañar a su esposa Emilia a San Giovanni Rotondo, pero solamente como ?chofer de su mujer?. Cuando el P. Pío lo vio de lejos, lo llamó por su nombre, como si fuera un amigo de siempre, y le dijo: -He aquí el hombre que buscaba para mi hospital.


-¿De qué me conoces? ? le contestó sorprendido el doctor.
-Eso no importa. Ve y vende lo que tienes en Florencia y ven a vivir aquí -le contestó con decisión el padre.
-Es imposible, soy pensionado y mis pocos ahorros no son suficientes ni siquiera para construir una casita en este pueblo.
-Tú tienes ?un papel? -replicó misteriosamente el P. Pío -que solucionará el problema.


Sin entender lo que el P. Pío le estaba diciendo, el doctor Sanguinetti se regresó a Florencia, y después de unos cuantos días se enteró sorpresivamente que había ganado un gran premio en el sorteo de bonos cuyo documento guardaba celosamente en su casa. En esos momentos recordó las palabras del P. Pío, fue a San Giovanni Rotondo, edificó una modesta casita y se dedicó de tiempo completo a la Casa Alivio, como médico y director hasta 1954, año de su muerte.


Cuando le comunicaron al P. Pío el fallecimiento repentino del doctor Sanguinetti, lloró como un niño. Juan Gigliozzi estaba con el P. Pío aquella mañana y cuenta que los sollozos le sacudían los hombros y escuchó de su boca unas palabras desconcertantes: -?Jesús, me lo has escondido. ¡De haberlo sabido, te lo hubiera arrancado!?. Palabras tremendas que demuestran cuánta confianza y familiaridad tenía el P. Pío con Jesús, y cuánto amor por su amigo Sanguinetti. Durante su vida, el P. Pío -con la gracia de Dios- pudo enterarse de muchas cosas que iban a suceder en el futuro, pero le fue vedado el conocer la fecha exacta de la muerte de su colaborador y amigo. Si se hubiera enterado, con toda seguridad -como él lo dijo- habría convencido al Señor de la Vida para que lo dejara más años aquí en la Tierra.


En 1954 se inauguró la clínica Casa Alivio del Sufrimiento con un importante congreso de cardiocirujía, presidido por famosos científicos de fama mundial. A todos ellos el P. Pío les dijo: ?lleven su ciencia al enfermo, pero recuerden que también deben llevarle amor?. Tres días después los mismos congresistas fueron recibidos en audiencia por el Papa Pío XII que habló hermosamente sobre la Casa Alivio de San Giovanni Rotondo. -Santidad -le dijo uno de los científicos ¡-Hacen falta muchas personas como el P. Pío! -Sí, es un hombre extraordinario -contestó Pío XII-. Pero no lo puedo decir demasiado en voz alta, si no, me lo canonizan en vida.


Durante los trabajos de construcción, el P. Pío les había dicho a los responsables: -Háganla tan bonita como el paraíso, porque en ella habitará Cristo enfermo. La Casa Alivio resultó uno de los mejores centros hospitalarios de Italia, dotado de las instalaciones más modernas. Tiene incluso terrazas para helicópteros para un más rápido traslado de los enfermos y accidentados, laboratorios, farmacia, central termoeléctrica, imprenta, cine y capilla. Cincuenta médicos y más de trescientos empleados atienden a un millar de enfermos.


La Casa Alivio testimonia para siempre el amor fecundo e infinito de Dios. El P. Pío dijo un día: -es el Señor el que con sus manos lleva adelante la Casa Alivio. Es obra suya y saldrá adelante por siglos. ¡Ay de aquél que la toque!...
Sin embargo, la envidia humana se echó encima de la obra del P. Pío. Desde 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar artículos y reportajes mezquinos y calumniosos contra la Casa Alivio. Con la finalidad de quitar al P. Pío los donativos que le llegaban de todas partes del mundo para el sostenimiento de la Casa Alivio, sus enemigos planearon una serie de documentaciones falsas para acusarlo injustamente. Hasta la misma iglesia católica por medio de sus visitadores apostólicos llegaron a desanimar a los fieles para que asistieran a su misa o se confesaran con él. Destrozado por las persecuciones, el P. Pío tuvo todavía la fuerza de decir: ?-dulce es la mano de la iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre?.


El P. Pío repetía con frecuencia: ?lo que hace falta a la humanidad es la oración?. Los continuos llamados del Papa Pío XII a la oración para alcanzar la paz en el mundo destrozado por la Segunda Guerra Mundial, encontraron en el P. Pío una respuesta concreta. Él ideó y fundó sus famosos ?Grupos de Oración?, que definió: ?semilleros de fe, hogares de amor en los cuales Cristo mismo está presente cada vez que se reúnen para la oración bajo la guía de sus directores espirituales?. Las dos oraciones principales y básicas de estos grupos son la misa y el rezo del santo rosario.


El 24 de septiembre de 1975, el Papa Paulo VI, hablando del P. Pío dijo: ?entre tantas maravillas que hizo el P. Pío, está la oleada de personas que oran y se entregan a la vida cristiana en la oración, en la caridad, en la pobreza de espíritu y en el cumplimiento del deber cristiano?.


El viernes 20 de septiembre de 1968, el P. Pío cumplía cincuenta años de haber recibido los estigmas del Señor. Aquella mañana en todo San Giovanni Rotondo había un extraordinario aire de fiesta. La gente llegó de todas partes de Italia y del mundo, en autobuses, trenes, coches y aviones. Los hoteles estaban llenos y muchas personas todavía por la tarde buscaban alojamiento. El P. Pío celebró la misa a la misma hora de siempre. Después de misa, el P. Pío pasó a través de una larga fila de sacerdotes y religiosos que le expresaron su afecto fraternal. Luego fue a sentarse en el confesionario como siempre. Al día siguiente, 21 de septiembre, no se sintió bien, no pudo celebrar misa, sólo comulgó. El día 22 era domingo. Esa noche, le dijo a su enfermero el P. Pellegrino: -hijo mío, si hoy el Señor me llama, pide a todos que me perdonen las molestias que les he dado. Y ruega a mis hijos espirituales que oren por mi alma. Después murmuró varias veces: -¡Jesús, María!


Minutos después lo colocaron en una silla para que pudiera respirar mejor y le dieron oxígeno mientras le administraban la Unción de los Enfermos. A las 2:30 horas, dulcemente, inclinó la cabeza sobre el pecho y expiró. Por la mañana temprano empezó a correrse la voz por los teléfonos, y como un relámpago se difundió la triste noticia: ?el P. Pío ha muerto?. Sus funerales fueron impresionantes. Se tuvo que esperar cuatro días para que las multitudes de peregrinos pasaran a verlo en el ataúd descubierto. En esos momentos la gente empezaba a darse cuenta de un hecho misterioso: las manos, el tórax y los pies del P. Pío aparecían sin ninguna señal de los estigmas.


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martes, 3 de enero de 2012

JOSÉ MARÍA SAVALA: PADRE PÍO

Fuente consultada para este post:
Zenit:  EL MUNDO VISTO DESDE ROMA

LOS MILAGROS INÉDITOS DEL PADRE PÍO, EL SANTO DE LOS ESTIGMAS

Habla el autor del nuevo libro, José María Zavala

MADRID, martes 26 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- Se publica en España "Padre Pío. Los milagros desconocidos del santo de los estigmas" (LibrosLibres), en el que el autor, José María Zavala, ha recopilado testimonios de conversiones y curaciones experimentados por su intercesión.
"Nunca había sentido tantos deseos de compartir una experiencia que me ha marcado de por vida", reconoce el autor en esta entrevista concedida a ZENIT, recordando que la canonización de Pío de Pietrelcina (1887-1968), en 2002, batió todos los records de fieles en la historia.
--¿Cómo se le recuerda al Padre Pío en el convento de San Giovanni Rotondo, donde pasó casi toda su vida?
--José María Zavala: Con inmenso cariño. Hay fieles que siguen percibiendo el intenso perfume de sus estigmas como la mejor señal de que nunca les abandona, esa misma fragancia que dejó helado a más de un incrédulo. 
--¿Quedan muchas personas que le trataron íntimamente?
--José María Zavala: Pocas, pero he tenido la gran fortuna de entrevistarlas. Como sor Consolata, una monja de clausura de 95 años que me recibió en el convento para relatarme episodios tan inolvidables como desconocidos. Nunca se lo agradeceré lo suficiente. Igual que a Pierino Galeone, sacerdote octogenario con fama de santo, a quien el Padre Pío curó milagrosamente tras la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo que a Paolo Covino, el capuchino que administró la Extremaunción al Padre Pío. Todos ellos rompen por primera vez su silencio para hablar del Padre Pío en este libro.
--¿Expresan alguna idea común?
--José María Zavala: Todos coinciden en que él hizo lo mismo que Jesús en la tierra: convirtió a los pecadores, sanó a los enfermos, consoló a los afligidos... Cargó con la Cruz durante toda su vida para redimir a los hombres del pecado. El Padre Pío sabía muy bien que sin sacrificio personal era imposible ganar almas para el Señor.
--¿Quién fue el Padre Pío?
--José María Zavala: Un regalazo que Dios hizo a los hombres en pleno siglo XX para que sigan creyendo en Él. Es imposible acercarse con sencillez y sin prejuicios a su figura y permanecer insensible. Conozco a mucha gente cuya fe estaba muerta por falta de obras y que por intercesión suya está ahora muy cerca del Señor, reza y es feliz haciendo felices a los demás.   
--¿Hay una relación entre sus horas de confesionario y los estigmas?
--José María Zavala: "Todo es un juego de amor", decía él. De Amor, con mayúscula, por el prójimo; él sabía muy bien que lo mejor se compra siempre al precio de un gran sacrificio. El Padre Pío vivió "crucificado" durante cincuenta años con estigmas en manos, pies y costado que sangraban a diario. Semejante sufrimiento moral y físico era un medio infalible para liberar a muchas almas de los lazos de Satanás. Por eso mismo se pasaba a veces dieciocho horas seguidas en el confesionario.
--Como un  nuevo cura de Ars...
--José María Zavala: Ahí radica la grandeza de este hombre de Dios. San Giovanni Rotondo, donde vivió y murió, sigue siendo hoy un auténtico camino de Damasco por el que millares de pecadores retornan al Señor. Es el primer sacerdote estigmatizado en la Historia de la Iglesia, y con unos carismas que le hacen muy especial, desde la bilocación hasta el escrutinio de corazones que le permitía leer el alma de los penitentes.
--"Haré más ruido muerto que vivo", comentó un día. ¿Qué quiso decir?
--José María Zavala: Habría que preguntárselo a los centenares de personas en todo el mundo que por su intercesión siguen hoy convirtiéndose y/o curándose milagrosamente de una enfermedad mortal. Muchos de ellos aportan sus impactantes testimonios en este libro. Podemos afirmar que el Padre Pío sigue obrando hoy desde Arriba más prodigios que cuando estuvo en la tierra.
--Usted recoge algunas conversiones impactantes...
--José María Zavala: Gianna Vinci me relató en Roma uno de esos milagros que le dejan a uno boquiabierto. En cierta ocasión, una mujer enferma de cáncer rogó a su marido, agnóstico, que la llevase a San Giovanni Rotondo, pues había oído que el Padre Pío obraba milagros. El hombre puso una condición: esperaría fuera de la iglesia. Así que entró sola la madre con su hijo de diez años. Gianna Vinci estaba allí y lo vio todo. La mujer se arrodilló en el confesionario del Padre Pío mientras éste indicaba al niño que avisase a su padre. El chiquillo obedeció: "¡Papá, te llama el Padre Pío!", le dijo en la puerta. Pero aquel rapaz... ¡era sordomudo! Emocionado, el padre acabó confesándose y su esposa quedó curada del cáncer al instante.
--¿Cuál es el secreto de la popularidad de este santo?
--José María Zavala: El Amor por los demás, insisto. El Padre Pío sigue recogiendo hoy los frutos de su siembra desde el Cielo. En Italia pude sentir el gran cariño que la gente profesa a este pedazo de santo. Al regresar a Madrid, mientras facturaba las maletas en el aeropuerto, un policía empezó a poner pegas. Pero en cuanto vio el retrato del Padre Pío que llevaba para un amigo, me dejó pasar con una sonrisa. "¡Menudo salvoconducto!", pensé.
--¿Va siendo conocido fuera de Italia?
--José María Zavala: Espero que este libro sirva para darle a conocer más en España, donde ya ha hecho unos cuantos milagros. En Argentina, México, Chile o Filipinas cuenta cada vez con más devotos.  
--¿Qué significa este libro en el conjunto de su bibliografía?
--José María Zavala: Es sin duda mi obra más importante. Nunca había sentido tantos deseos de compartir con los lectores una experiencia que me ha marcado de por vida. Dicen que cuando el Padre Pío levanta un alma ya no la deja caer más. Pues eso mismo he comprobado yo en mi propia carne. Invito a todo el que quiera, por muy escéptico que sea, a conocer a este hombre de Dios. Le aseguro que no quedará indiferente.
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Por Carmelo López-Arias