jueves, 5 de abril de 2012

CARTAS DEL PADRE PÍO


CARTAS DEL PADRE PÍO

Matrimonio11/4/1915

Hija querida del Padre celestial:

Su corazón es siempre el templo del Espíritu Santo. Que Jesús visite su espíritu y la consuele y la sostenga y saque del estado de desolación extrema en que la bondad de su Padre ha querido colocarla. Así sea. Perdone mi atrevimiento al permitirme dirigirle esta pobre carta mía sin haberle conocido nunca personalmente, porque debe saber que hace muchos años ruego al Divino Maestro darme a conocer ante El su alma y sus designios divinos sobre Ud. También ha sido beneplácito suyo manifestarme el estado actual en que Ud. se encuentra y El mismo me manda escribirle esta carta para que con ella reciba consuelo.

Que sea siempre bendito El también en esto. Hago votos ardientísimos al Señor para que la presente le sirva de mucho alivio y de total seguridad. Ahora Jesús me hace saber que no tema el amplio estado espiritual por la crisis actual que atraviesa, ya que todo resultará a gloria suya y al perfeccionamiento de Ud. El quiere que deje y abandone todos esos temores que tiene acerca de la salvación eterna, que no aumente esas sombras que el demonio va haciendo cada vez más densas para atormentarla y separarla de Dios si eso le fuera posible. Su desolación actual no es que Dios la abandone, ya que su divina misericordia la va haciendo cada vez más acepta: El permite todo esto para asemejarla a su Hijo divino en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz. Lo mejor que puede hacer es aceptar con alegría y serenidad la prueba presente sin desear verse liberada. Humíllese bajo la poderosa y paternal mano de Dios, aceptando con sumisión y paciencia las tribulaciones que le envía para que pueda exaltarla dándole su gracia cuando El la visite.

Que toda su solicitud en medio de las tribulaciones, que la invaden totalmente, se centre en un abandono total en los brazos del Padre celeste, ya que El tiene sumo cuidado para que su alma, tan predilecta, no sea sometida al poder de Satanás.
Humíllese, pues, ante la Majestad de Dios y dele gracias continuamente, a tan buen Señor, de tantos favores con lo que sin cesar enriquece su alma de Ud. y confíe cada vez más en su divina Misericordia. No tema, vuelvo a repetirle en el Señor, quien le ha ayudado hasta ahora continuará hasta su salvación.

Ud. se salvará; el enemigo se revolcará en su rabia, siendo cierto que la misma mano que la ha sostenido hasta ahora, haciéndole enumerar infinitas victorias, continuará apoyándola hasta aquel instante en que su alma se oirá invitada por el Esposo celeste: "ven, esposa mía, recibe la corona que te he preparado desde la eternidad." Confianza ilimitada en el Señor debe tener pensando que el premio no está lejos: no pasará mucho tiempo sin que se realice en Ud. lo dicho por el profeta: "entre las tinieblas resplandecerá la luz" y luz en verdad es su actual desolación, luz que proviene de una singularísima gracia que no a todas las almas que caminan al cielo concede el Señor. Más aún, son poquísimas las almas que se hacen dignas de tal merced.

Ahora me parece que legítimamente puede ponerme esta objeción: Si es ésta una gracia -como Ud. Dice- y toda gracia da luz al alma, por qué a mí en vez de luz me trae tinieblas.? Esta réplica sería aceptable si se tratase de gracias de orden inferior, quiero decir de aquellas gracias que el Señor suele conceder a todos. Aquí, en cambio, el caso es muy diferente y yo hablo precisamente de Ud. La gracia del Señor de que se halla penetrada, sublimará su alma hasta la unión perfecta de amor. Ahora bien, el alma, antes de llegar a esta unión, y diré a esta así transformación en Dios o casi Dios por participación, necesita que sea purificada de sus defectos y de todas sus inclinaciones hacia las cosas materiales y sobrenaturales, y esto no sólo en cuanto a sus actos, sino también en cuanto a sus raíces en la mayor medida posible durante la vida presente. Necesita que sea despojada de toda potencia y de toda inclinación natural a fin de poder ser elevada a obrar de otro modo más divino que humano. Para obrar todas estas maravillas es necesario que una causa aflictiva interior las realice, y no es otra la gracia singularísima de que acabo de hablar y con la que el Señor la regala. Ahora bien, toda gracia produce luz, mejor dicho, es luz y, por consiguiente, cuanto más elevada es una gracia, tanto más sublime es su luz. Y ya que la gracia con que el Señor la ha enriquecido al presente es tan alta y sublime que tiende directamente a transformar el alma en una sola cosa con Dios, la luz que trae consigo es tan altísima que, penetrando el alma de modo trabajoso y desolador, la coloca en extrema aflicción y angustia interior de muerte. Y esto proviene de que esta gracia que produce luz tan sublime encuentra al principio el alma indispuesta para la unión mística y la penetra en forma purgativa y, por consiguiente, en lugar de iluminarla la obscurece; en lugar de consolarla la hiere, llenándola de grandes sufrimientos en el apetito sensitivo y de graves angustias y sufrimientos espantosos en sus potencias espirituales. Y así, cuando dicha luz, con estos medios, ha purgado el alma, la penetra entonces de forma iluminativa y la hace ver y la lleva a la unión perfecta con Dios.

También Santa Teresa fue sometida a tan durísima prueba: también ella experimento, y tal vez de modo bastante más penetrante que Ud., el efecto de esta luz purísima, que le hacía ver a Dios en lontananza sin tener posesión efectiva alguna, por lo que estaba transida de un dolor tan agudo que la hacía morir. Pero fue precisamente esa luz, que después de haberle purificado el espíritu con tan agudas puñaladas, lo unió finalmente a Dios con perfecto amor. El ejemplo de esta santa, mártir de amor, sírvale de estímulo y le haga combatir con fuerte ánimo para que, como ella, pueda obtener el premio a las almas generosas.

Comprendo muy bien que el encuentro es duro, penosísima la lucha, pero anímese pensando que el mérito del triunfo será y ande, la consolación inefable, la gloria inmortal y la recompensa eterna.
Termino recomendándole que viva tranquila porque nuevamente asegura Nuestro Señor Jesús Cristo que no hay lugar a tener miedo. Ensanche su corazón y deje al Señor que obre en Ud. libremente.

Ruegue por mí, que continuamente la recuerdo ante el Señor. Que Jesús la consuele siempre.

Un pobre sacerdote capuchino.

CampanasMis queridísimos hijos:

¡La gracia del Señor sobreabunde en vuestros corazones transformándolos totalmente en El!  Recibo con indecible consolación vuestra carta rebosante de filial afecto y me anima a ser sincero siempre con vosotros y a no dejar de amonestaros con franqueza en lo que os veo defectuosos. Dios sea bendito, carísimos hijos, por la santísima bondad que prodiga a esas vuestras almas que mi corazón ama verdadera e incomparablemente como a mí mismo. En primer lugar tengo que congratularme con vosotros de la constancia que tenéis en el servicio del Señor.

Esta vuestra constancia me hace esperar que, reconociendo vuestros defectos, en los que habitualmente caéis sin determinada y deliberada voluntad, os resolveréis a extirparlos con la asistencia de la gracia divina que os sobreabunda. ¿,Cuáles son, pues, los defectos que os reconocéis y que han echado raíces en alguno de vosotros, aunque no en todos? No me modero en notificároslos. Sé que entre vosotros los hay que han olvidado prontamente la gran estima que se debe a quien tiene sobre ellos la dirección inmediata. Se responde con arrogancia a esta dirección y, lo que es peor, se hace uno el sordo cuando es reprendido por alguna travesura. Referente a esto, tengo que lamentarme vivamente con los culpables. A ésos no les recuerdo otra cosa, ni les reprendo, más que la solemne promesa que me hicieron momentos antes de separarse de mí. Tengo la esperanza de que no volverán a caer en semejantes faltas. Todo me hace esperar la confianza total que tengo en Dios y la gran estima que me tienen estos queridos muchachos. Aparte de esto que os he comunicado no tengo motivos más que para congratularme con vosotros. Veo que vuestros corazones están siempre llenos de buenos deseos y esto me hace esperar que os entregaréis con todas vuestras fuerzas a corregiros de lo que os he manifestado en esta carta y también de todo aquello que os dije mientras fui vuestro director. Sé que os entristeceréis porque no podréis corregiros eficazmente de vuestras imperfecciones, pero debéis haceros fuertes, carísimos hijos, y recordad lo que tan a menudo os he repetido sobre el particular, o sea, que debéis trabajar igualmente en la práctica de la fidelidad a Dios para renovar vuestros propósitos con la misma frecuencia con que los transgredís y estando de sobre aviso para reconocer vuestra miseria y así no transgredirlos. Tened mucho cuidado de vuestros corazones para purificarlos y fortalecerlos a medida del número y magnitud de las inspiraciones que recibáis. Elevad frecuentemente vuestras almas a Dios; leed buenos libros con la mayor frecuencia que posible os sea, pero con mucha devoción; sed asiduos en la meditación, en las oraciones y en el examen de conciencia varias veces al día. Amad mi alma, que ama perfectamente la vuestra; y encomendadme siempre a la divina piedad como incesantemente hago por vosotros. No penséis jamás, mis queridísimos hijos, que la distancia del lugar separe las almas que Dios ha unido con el vínculo de su amor. Los hijos del siglo se encuentran todos separados los unos de los otros, porque tienen el corazón en distinto lugar; pero los hijos de Dios, teniendo el corazón donde tienen su tesoro y no teniendo todos más que un mismo tesoro, que es el mismo Dios, están, por consiguiente, siempre unidos...
Padre Pío, Capuchino

17/11/1914
Cruz en el TechoJesús la consuele siempre y la guarde en su santo amor. Así sea. Bendigo, amo y ruego siempre al Señor y en todo momento de mi vida le doy las gracias por tantos favores como ha concedido a Ud. y a su hermana. Sea, por siempre, jamás, bendecido el Padre de los huérfanos por haber devuelto en su bondad la vida a Juana. No les oculto el peligro extremo que corrió: fue arrebatada de las fauces de la muerte: había sido destinada a unirse con sus padres allá arriba. Solamente las numerosas oraciones pudieron suspender la ejecución. Les digo esto no para despertar en Ud. espanto y terror y sí para excitarles al agradecimiento y a una mayor confianza en el Autor de todo bien. ¡Cuán bueno es nuestro Dios! El quiso evitarles semejante desgracia. Vuelvo a exhortarles a confiar siempre en Dios y a no abandonarse a sí mismas como por desgracia suele ocurrir: No den lugar a la tristeza en el alma que impide la libre operación del Espíritu Santo. Entristezcámonos, sí, pero con santa tristeza al ver el mal que tanto se propaga y las muchas almas que apartaban de la fe. Ese no querer someter el propio juicio al de los demás, ni siquiera al del muy experto en la cuestión, es signo de poca docilidad y signo de soberbia. Uds. mismas lo reconocen, Uds. mismas están de acuerdo. Pues bien, anímense y eviten el caer en ello; sean todo ojos al respecto; el Señor está con Uds. atento siempre a escuchar sus secretas confidencias.

Si yo realmente he presionado y presiono al Corazón del Padre celestial por la salud de Juana y por la de Uds., El lo sabe. La curación perfecta de la enfermedad que martiriza a la pobre Juana no serviría a dar gloria a Dios, ni a la salvación de su alma, ni a la edificación de las personas que viven del espíritu de Jesús; por lo cual no puedo continuar, no puedo importunar más a su divina Majestad para que se la conceda. Rezaré, sí, y no la olvidaré, dondequiera que esté y en cualquier estado que me encuentre, para que el Señor quiera concederle habitualmente la salud que necesita para cumplir su oficio. Tengo la esperanza de que el Señor, siempre bondadoso, no rechazará la oración de su siervo y de que me concederá en favor de la pobre enferma más aún de lo que me atrevo a pedirle. El otro motivo por el cual me retraigo de pedir la curación perfecta de Juana, es porque su enfermedad le sirve de medio muy eficaz en el ejercicio de la virtud, y yo no puedo privar a esta alma generosa de tantos tesoros, por una piedad y un amor que Uds. entienden equivocadamente. Y Ud. recuerde que si hoy se encuentra en el buen camino es por aquella gracia que la Virgen de Pompeya le obtuvo en favor de su hermana. Consideren esto y no pretendan lo que el Señor no querría ni haría, porque se trata de imperfección en la fe por parte de Uds. Piensen en lo que les he dicho; que el Señor sé lo haga comprender. Manténganse fuertes en la fe y quedarán rechazadas todas las malas artes del enemigo. Esta es la advertencia que nos da San Pedro, Príncipe de los apóstoles: "Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, os acorrala buscando presa; resistidles firmes en la fe," y para dar mayores ánimos añade: "Sabiendo que lo mismo tienen que sufrir vuestros hermanos que pueblan el mundo." Sí, querida, en el momento de la lucha recuerden su fe en las verdades cristianas y de modo singular reaviven su fe en las promesas de vida eterna que el Señor ha hecho a quienes combatan con ánimo y fortaleza. Que les infunda ánimo y valor el saber que no se está solo cuando se sufre, ya que todos los cristianos del mundo sufren las mismas penas y se hallan expuestos a las mismas tribulaciones. Recordemos también que el destino de las almas elegidas es el sufrimiento, condición a la que Dios, autor de todo y de todos los dones conductores a la salvación, ha fijado para darnos la gloria. 

Arriba los corazones llenos de confianza en solo Dios. Humillémonos bajo su mano poderosa, aceptando con buena cara las tribulaciones que nos manda, para que pueda exaltarnos el día de su llegada. Toda nuestra solicitud la ponemos en su amor más de lo que se pueda decir o imaginar.
Padre Pío, Capuchino

San Giovanni Rotondo, 3-9-1918.
Carísimo :

Que Jesús te conforte y esté siempre contigo.

Recibo tu carta en la que me describes tus imperfecciones y tus penas, y querría poder aliviarte y enviarte algún remedio a tu enfermedad. Pero, hijo mío, siento no poder hacerlo como seria mi deseo, porque ni el tiempo me lo permite ni me acompañan las fuerzas ni físicas ni morales. Me encuentro muy mal y me doy cuenta de haber llegado a ser superlativamente pesado a mí mismo.
La mayor parte de lo que me dices y de lo que silencias no necesita, de ordinario, más remedio que el paso del tiempo y de los ejercicios practicados según la regla bajo la cual se vive.

Hay igualmente algunas enfermedades físicas cuya curación no se consigue tomando medicamentos y sí, con modo idóneo de vivir. El amor propio, la propia estima, la falsa libertad de espíritu, son raíces que no pueden arrancarse del corazón facilmente; pero puede impedirse que produzcan sus frutos, que son los pecados. Porque sus brotes y salidas, o sea las primeras sacudidas y primeros movimientos, no pueden impedirse del todo mientras estamos en este mundo; pero se puede, y en esto debemos poner todo nuestro cuidado, moderar y disminuir su ímpetu y manera con la práctica asidua de la virtud contraria y particularmente de la humildad, de la obediencia y del amor a Dios.

Hay que tener paciencia, pues, y no desanimarse por cualquier imperfección o porque se cae en ella frecuentemente sin quererlo. Quisiera tener un buen martillo para romper la punta de tu espíritu, que es demasiado sutil en los pensamientos de tu avanzar espiritual. Pero te lo he dicho muchas veces, querido, y te lo repito otra más: en la vida espiritual hay que caminar con gran confianza.

Si obras bien, alaba y dale gracias al Señor por ello; si te acaece obrar mal, humíllate, sonrójate ante Dios de tu infidelidad, pero sin desanimarte; pide perdón, haz propósito, vuelve al buen camino y tira derecho con mayor vigilancia. Ya sé muy bien que no quieres obrar mal dándote cuenta; y las faltas que cometes inadvertidamente sólo deben servirte para adquirir humildad.

No temas y no te angusties con las dudas de tu conciencia, porque ya sabes que obrando con diligencia y haciendo tú cuanto puedas, sólo te queda pedirle a Dios su amor, ya que El no desea otra cosa que el tuyo.
Practica cuanto has aprendido de mí y otros; no temas y procura cultivar con tu amor, con diligencia, la suavidad y la humildad interior. Había prometido ir ahí a pasar unos meses y poder veros a todos y deciros cosas hermosas de Jesús; y confortaros y confirmaros en las santas resoluciones; pero conviene renunciar, aun sintiéndolo mucho, por ahora, a causa del motivo arriba expresado. Por ahora, Jesús no me lo permite y fiat! Cumpliré la promesa en cuanto el Señor lo quiera. Pido continua y ardientemente al cielo mil bendiciones para ti y para nuestros hermanos, y sobre todo para que seas humilde y manso de corazón, y para que aproveches de las pruebas a que piadosamente te somete el Señor, recibiéndolas amorosamente por amor a quien por el nuestro toleró tantísimas.

Salúdame a todos, os abrazo a todos. Salúdame a Fray Marcelino y dile que recibí su tarjeta y se lo agradezco de corazón, y si necesita algo de mí antes de que vaya yo ahí, que me escriba tan sólo.
Padre Pío

Muy Rvdo. Padre:
La paz del dulcísimo Jesús esté siempre en su corazón y su santísima gracia le haga santo. Su alma es muy acepta al Padre Celeste; por eso le ruego que no tema, pues no hay motivo alguno. Agradezcamos a la Piedad del Señor por haberle hecho digno de su respeto. En cuanto al estado de aquellas almas por las que se ha interesado preguntándome: He aquí lo que el tiernísimo Jesús se ha designado darme a entender. Aquella alma que vivió pecadora fue vencida al fin de su vida por la divina gracia. De aquellas otras dos almas el Señor nada ha dicho hasta el presente. ¡Qué bueno es, querido Padre, nuestro tiernísimo Jesús! ¡Oh si todos los hombres comprendiesen su Amor!
Encomiéndeme al Señor.

Un pobre frailecillo.

Mi queridísima Hija:
Continua poseyéndote toda Jesús, y mirándote como elegida. Recibo la tuya y he comprendido todo, y lo he comprendido todo en toda su verdad, expresada con tanta exactitud y claridad y sin contrariarla en nada. Por eso puedes y debes estar tranquila en lo referente a esa duda que te preocupa y trastorna. Ya no es la Justicia, mi buena hija, es el Amor crucificado que te crucifica y te quiere asociada a sus amarguísimas penas y sin más apoyo que el de las angustias de la desolación. La justicia nada tiene que vengar en ti, pero sí en otros, y tú, víctima, debes por los hermanos aquello que falta todavía en la Pasión de Jesucristo. Esta es la verdad y sólo la verdad. No te afanes buscando a Dios lejos de ti: está dentro de ti, contigo, en tus gemidos, mientras le buscas está como una madre que incita a su hijito a que la busque y ella se encuentra detrás y con sus manos le impide que llegue. 

Desgraciadamente comprendo las angustias de tu estado; se asemejan a las del infierno, pero no te preocupes, no te asustes. Además no sé qué aconsejarte, hijita, para aliviar tu martirio; y es inútil porque el Omnipotente te quiere en holocausto. Sólo te aconsejo que imites a Isaac en manos de Abraham y que esperes contra toda esperanza. Los mártires no sólo sufrieron sino que murieron en el dolor y no encontraron a Dios más que en la muerte. No temas de ningún modo las vejaciones de Satanás: nada podrá El contra quien está sostenido de modo singular por la gracia vigilante del Padre celeste. Debe bastarte saber que en este furioso asedio tu alma no ofende a Dios y le da además la más hermosa prueba de su felicidad, al mismo tiempo que va embelleciéndose a los ojos divinos. Esta es la verdad, y si dijera otra cosa no sería cierto. Guárdeme el Señor de caer en tamaño desatino. Quisiera también que durante la tempestad gritases siempre: ¡Señor, sálvame,! para que no te hagas acreedora al reproche: "Alma de poca fe, por qué has dudado.?" Déjate, pues, llevar, arrastrar y tragar por la tempestad, que en el fondo del mar encontrarás, como Jonás, el Señor que te salva. Cuando me escribas cuéntame también el sueño que tuviste.

Te agradezco cuanto haces por mí ante el Altísimo. Y ahora, qué diré, hija, de mí? Estoy siempre colgado en el duro patíbulo de la cruz sin ayuda y sin descanso. Mi alma va muriendo en su dolor, sin el consuelo de poder ver un día el rostro de Dios que con tanta ansia se busca y nunca se encuentra.

¡Ay de mí! Qué podré hacer para alcanzar la gracia de aquel Dios que tal vez rechacé y del que justamente soy rechazado.’, ¡Dios mío!, no soy capaz de decir otra cosa. La plenitud del dolor me mata y me hace perder el sentido. Ayúdame con tus plegarias ante el Señor, para que la prueba resulte agradable a Dios y sirva de rehabilitación a mi alma. Me encuentro levantado no sé como en el ara de la Cruz desde el día de la fiesta de los santos Apóstoles, sin jamás descender ni por un instante. Anteriormente era interrumpido el suplicio algún instante, pero desde aquel día, hasta aquí, el sufrimiento es continuo sin intemipción alguna. Y este penar va siempre en aumento. ¡Fiat!

Te bendigo con paternal cariño y a ti me encomiendo.
Padre Pío 
San Giovanni Rotondo, 21-7-1918.

I. M. F. P.
Siento como mías todas sus aflicciones. El verle tan conmovida me mueve espontáneamente a decir al Señor que mande al enemigo, que desista del feroz asedio, o que le dé a Ud. más fortaleza para resignarse con suavidad a su voluntad santísima.

Mientras me aflijo y ruego de esta manera, siento una alegría espiritual al considerar el singularísimo amor que Jesús le tiene. Señal cierta de este amor es la tempestad que ruge sobre su cabeza y que la va transformando por entero. No crea que ésta es una condición personal; Es Dios mismo quien advierte que la tentación es una prueba de que el alma se está uniendo con Dios: "Hijo, si te aprestas a servir a Dios, prepara tu alma a la tribulación."

El que se vea perseguida quiere decir que está en el camino del servicio divino y cuanto mas amiga y fiel sea de Dios tanto más arreciará contra Ud. la tentación. La tribulación es señal clarísima de que el alma está unida a Dios: "Con El estoy en la tribulación." Todo lo que rodea a su alma de desalentador no puede ser que Dios castigue sus comuniones y confesiones mal hechas, ni por otras prácticas de piedad realizadas sin cuidado; créame, esos pensamientos son verdaderas y clarísimas tentaciones que debe desechar lejos de Ud. porque no es verdad de ninguna forma que ofenda a Dios, ya que el mismo Señor con su gracia vigilante la preserva. Cuando el alma gime y tiene miedo de ofender a Dios no le ofende, está lejísimo de tal cosa. La gracia divina está con Ud. y el Señor la quiere muchísimo. Las sombras, los temores, las persecuciones contrarias con artefactos diabólicos que debe despreciar Ud. en nombre de Jesús. No dé oídos a estas tentaciones. Pertenece al enemigo el hacer creer que nuestra vida pasada esté totalmente sembrada de pecados. Escúcheme, la conjuro de parte de Jesús que procure sentir que precisamente esto es lo que dice el Esposo del alma y que yo le digo ser su presente estado: Un efecto de su amor para con Dios y una prueba del incomparable amor de Dios para Ud. Rechace todos esos temores, no aumente las sombras que el enemigo va haciendo cada vez más densas para atormentarlas y alejarla si le fuera posible hasta de la comunión diaria. Consuélese y alégrese sabiendo que el Padre celestial permite estos ataques del enemigo para que su misericordia la asemeje más a su divino Hijo en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz; si, el Padre celestial quiere que se asemeje a su Unigénito, que habiendo asumido sobre sí la iniquidad de los hombres fue atormentado de manera terrible e inefable. Esté, pues, agradecida, porque la trata como alma predilecta, que pueda seguir de cerca a Jesús por la cuesta del calvario; y yo veo con emoción y alegría vivísimas en mi corazón esta manera de obrar de la gracia de Dios con Ud., queridísima hermana del corazón.

Padre Pío


Queridísima hija:
Jesús te bendiga, sea siempre el Rey de tu corazón y te trate como le agrade protegiendo tu alma en la durísima prueba espiritual, que si es prueba efectiva, también será prueba amorosa. Constantemente elevo oraciones al Señor por ti: Te ruego estés firme, segura, constante, que permanezcas inmutable contra cualquier prueba y persuasión contraria: No temas, vuelvo a decirte, hija mía. Permanece en las aseguraciones que te he hecho y que te hago en el dulcísimo Jesús. El está contigo y se complace en tu alma y tú ámalo y sírvelo con fidelidad y delicadeza sin que tú lo sepas y lo conozcas.

No ofendes en modo alguno al Señor; más bien lo quieres con un amor grandísimo, y es por esto por lo que el Señor ha puesto su mirada de suma complacencia sobre ti. El te ama con predilección, y es precisamente por esto que te va sometiendo a todas las pruebas de su dolorosísima pasión. Así pues, hija mía, es tu estado admirable desde todos los puntos de vista. Resígnate y fortalécete por las consideraciones de lo que te digo y que te vienen hechas por quien ocupa el lugar de Dios y que te ama inmensamente en El. Que te sea suficiente, queridísima hija, estas consideraciones y perdóname si no me extiendo más como desearía, porque también yo me encuentro herido por la epidemia. ¡Qué contento estaría yo si esta enfermedad fuese propicia a darme el último golpe de gracia!, mas es inútil esperarlo. Hay que continuar viviendo y por mucho tiempo todavía, para poder apurar enteramente el cáliz de Getsemaní hasta las últimas gotas y exhalar el último suspiro de vida en el Calvario entre el abandono de todo y de todos.

Mis sufrimientos interiores crecen y crecen cada vez más sin el menor descanso. Pero te suplico que no te aflijas en demasía por esto, sabiendo que así lo quiere el Señor, porque así desea ser amado de sus criaturas.
No deseo otra cosa, pues, de ti, sino que como una nueva María asistas al crucificado con tus oraciones y sufrimientos y ofrezcas las penas de El a la divina justicia para que un día tenga misericordia de mi.

Acabo de recibir noticias de casa que me hacen saber que he perdido una hermana y un sobrino, y que mi madre se encuentra también ella en triste estado. Te dejo que supongas el desgarro de mi alma y de mi corazón, y no me queda más que hacer y repetir con Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, sea bendito su santo nombre." Una oración por la pobre difunta y otra por mi madre a fin de que sea apartada de la muerte, si a Dios le place, y que El de a todos la santa resignación.

Te bendigo con todo afecto.
Padre Pío

domingo, 1 de abril de 2012

LA FE Y LA ORACIÓN EN LOS MILAGROS DEL PADRE PÍO. AMIGOS, ¡POR FAVOR! LES RUEGO MIRAR EL VIDEO.

[padre pio2[10].jpg]
MIRAR EL VIDEO: (COPIA EL ENLACE Y PÉGALO EN GOOGLE)  http://instrumentoscristianos.blogspot.com/2010/12/documental-los-milagros-de-padre-pio.html

martes, 13 de marzo de 2012

SAN PADRE PÍO

PADRE PÍO
Del libro: "El Padre Pío nos enseña"


Pagina 235 del libro "COSÌ PARLÒ PADRE PÍO" (EL PADRE PÍO NOS ENSEÑA)

Edición a cargo de Don Nello Castello

IMPRIMATUR Vicenza, 14/6/74
† C. Fanton, Obispo Auxiliar

PLANETAS
"Padre, dicen que en los otros planetas hay también criaturas de Dios."
"¿Pues qué? ¿Querrías, que no las hubiera y que la Omnipotencia de Dios se limitase al pequeño planeta Tierra? ¿Querrías que no existieran más criaturas que amen al Señor?" (Padre Pío)

"He estado pensando que la Tierra no es nada en comparación con los astros y todos los demás planetas."
"Así es. Y nosotros, salidos de la Tierra, no somos nada. Claro que el Señor no habrá, restringido su gloria a este pequeño planeta. En otros, existirán seres que no habrán pecado como nosotros." (Padre Pío)
 

sábado, 10 de marzo de 2012

MUY BUENA NOTICIA

ENTRONIZACIÓN DEL PADRE PÍO 
EN LA IGLESIA 
NUESTRA SEÑORA DE BELÉN  
Mérida-Venezuela


La junta directiva 
del Centro Social Italo Venezolano

invita a la colonia italiana 
para la entronización de la imagen del

Padre Pío

en la Iglesia Nuestra Señora de Belén. 
Dicha ceremonia se realizará
el domingo 11 de marzo a las 10:30 a.m. 
con una procesión desde 
el Seminario San Buenaventura
hasta el mencionado templo, donde se celebrará 
la Eucaristía a las 11:30 en honor al 
PADRE PÍO DE PIETRELCINA.

Fuente: Diario Frontera de Mérida, Venezuela.

viernes, 10 de febrero de 2012

Padre Pío: un nuevo y novedoso libro


El Padre Pío sigue vivo hoy. Lo sabemos quienes, a través de la oración, mantenemos una relación de confianza con él. Lo atestiguan también decenas de testimonios en un nuevo libro que sale HOY a la venta sobre el Padre Pío. El título: Padre Pío. Los milagros desconocidos del santo de los estigmas. (Libros Libres) Escrito por José María Zavala, quien ha experimentado en carne propia la acción del santo en su vida, es, entre otras cosas, una recopilación de testimonios muy actuales, algunos de este mismo año, 2010.


Frases como "Yo he visto al Padre Pío", o "Mi historia no es la de un gran milagro, sino la de muchos pequeños milagros que el Padre Pío ha obrado en mi corazón",  dan inicio al relato de experiencias conmovedoras sobre la acción del santo en la vida de muchas personas.
O la experiencia de un radiólogo de conocido prestigio, con una grave lesión ocular, que queda sanado, en abril de 2010, de forma milagrosa. Cuenta: "los médicos no daban crédito a mi repentina curación: la tensión ocular había disminuido hasta 10 (de 20-22) La cirugía carecía ya de sentido. Tratando de convencerse, los especialistas me sometieron a múltiples revisiones que confirmaron la milagrosa curación". 

También se puede leer el hermoso testimonio de María Vallejo Nájera, quien explica cómo el Padre Pío la ayuda a cuidar de su madre enferma cuando ella no puede atenderla por diversos motivos. Dice: "En esos casos - sobre todo, si estoy de viaje - , rezo al Padre Pío, implorándole: ´Padre, hoy no puedo ir a ver a mamá. Por favor, llévale tú la Santa Comunión desde el Cielo, como sacerdote santo que eres.´ (...) Sin ver nada, algo en lo más profundo del alma me dice que el Padre Pío atiende mis súplicas..."

Son sólo una muestra de los "Milagros de Hoy" que constituyen la segunda parte del libro. Ni siquiera los he tenido que seleccionar. Todos son de lo más llamativos, con nombre y apellidos. Todos cuentan la acción concreta del Padre Pío en su vida, y cómo ésta se ha transformado para orientarse en el camino al cielo, viviéndolo ya aquí.
La primera parte del libro se titula "El Gigante", una amena semblanza del Padre Pío, hecha desde el relato que ha recogido el autor de los testimonios aún vivos hoy que tuvieron ocasión de conocer al Padre Pío personalmente. Son ya ancianos, pero cuando hablan del Padre Pío, parece que lo que te estén contando sucediera ayer mismo, por lo vívido de la narración.

Y la tercera parte es una recopilación de los testimonios recogidos en los documentos de la causa de canonización del Padre Pío. Por ejemplo, podemos leer: "La señorita Cleonice Morcaldi, en sus “Testimonios sobre el Padre Pío” anota que el Siervo de Dios, antes de escucharla en confesión, le dijo: “Yo conozco tu alma como tú conoces tu rostro en el espejo, y antes de que hables ya sé lo que quieres decir..." Y era verdad...
Curaciones, conversiones, profecías, perfumes, escrutación de los corazones, bilocaciones y más prodigios es lo que se puede leer en esta tercera parte. Testimonios sintéticos, y en su brevedad, llenos de elocuencia.

Finalmente, decir que tiene cuatro cuadernillos de fotos a todo color, muchas de ellas inéditas, bien editadas, y que constituyen ya por sí mismas un documento que vale la pena tener.
Un libro que puede leerse de un tirón o no, pues los testimonios son independientes. Es nuevo pero sobre todo novedoso por lo inédito de su contenido. Un libro que nos acerca de forma real al santo a nuestra vida cotidiana, con una gran belleza y realidad. Una ayuda para la fe y el acercamiento a Dios. 

jueves, 2 de febrero de 2012

OTROS MILAGROS DEL PADRE PÍO

Los  Milagros  del  Padre  Pío
 
                 
Es muy difícil establecer una definición para la palabra "milagro". Los Milagros son considerados expresiones de lo sobrenatural. También nosotros podemos decir que un milagro es un fenómeno que ocurre distinto de las leyes naturales y obedecen  a una fuerza más avanzada: ¡la voluntad de Dios! 
Toda la vida del Padre Pío estaba llena de milagros, pero nosotros tenemos que prestar  atención a la naturaleza del milagro que siempre es divino. De esta manera, el Padre Pío siempre convidó a las personas a darle gracias a Dios, verdadero autor de todo milagro.

Un milagro que se ha atribuido como el primero  del Padre Pío ocurrió en 1908. En ese momento él vivía en el convento de Montefusco. Un día en que él fuè al bosque a coleccionar los alazanes en una bolsa; Él quiso enviársela en Pietrelcina a su tía Daría. Ella siempre había sido muy afectuosa con él. La mujer recibió y comió los alazanes y guardó la bolsa de recuerdo. Tía Daría días después,  estaba buscando algo en un cajón dónde su marido normalmente tenía  polvo. Era de noche, y ella se alumbraba con una vela, cuando de repente;  el cajón se incendió. Tía Daría fuè alcanzada por el fuego. En un instante, ella agarrò la bolsa que contuvo los alazanes del padre Pío y se la  puso en la cara. Inmediatamente, su dolor desapareció y ninguna herida o marca de la quemadura permanecían en su cara.
Durante la segunda guerra mundial, en Italia, el pan se racionó. En el convento del Padre Pío había siempre muchos invitados más los pobres que siempre iban allí pidiendo comida. Un día los Frailes se encontraron con que apenas tenían dos libras aproximadamente de pan. Todos los hermanos oraron antes de  sentarse a comer. El Padre Pío entró en la Iglesia, y  rato después  regresó con muchísimo pan en sus manos. El Superior le preguntó al Padre Pío: "¿Dónde usted ha encontrado pan?” El Padre Pío contestó: “me los dìò un peregrino en la puerta". Nadie habló,  pero todos pensábamos que sólo el  Padre Pío podía encontrar a ese peregrino.
Una vez en el convento del Padre Pío, un fraile se olvidó de organizar  el personal para la Sagrada Comunión. Por esta razón habían  solamente unas pocas personas  disponibles. Pero después que terminó de confesar; el Padre Pío organizó a las personas para impartir la Sagrada Comunión; y permaneciendo  en el servicio, fueron mucho más de las que anteriormente habían.
Una hija espiritual del Padre Pío estaba leyendo una carta del Padre Pío en el borde del camino. El viento se llevó la carta, hasta el declive de un prado. La carta ya estaba lejos, cuando de pronto se  detuvo, debajo de una piedra. De esta manera la mujer pudo recuperar su carta. El día, en que  después ella encontró al Padre Pío éste  le dijo: "Usted tiene que prestar más atención al viento la próxima vez. Si yo no hubiera puesto mi pie en la carta, ésta se hubiera perdido." 
La señora Cleonice, hija espiritual del Padre Pío dijo: - "Durante la segunda guerra  mundial mi sobrino estaba prisionero. Nosotros no habíamos recibido noticias durante un año; y creíamos que él estaba muerto.  Sus padres pensaban lo mismo. Su madre fue un día a ver al Padre Pío y se arrodillaba delante del fraile que estaba en el confesionario.  "Por favor Padre, dígame si mi hijo está vivo. Yo no me marcharé, hasta que UD no me conteste". El  Padre Pío simpatizó con ella  y FOTO15.jpg (4797 byte)teniendo piedad de sus lágrimas le dijo: "Levántese, y quédese tranquila”.  “Días  después yo no resistía el dolor que los padres estaban sufriendo, por lo que yo decidí pedirle un milagro, al Padre Pío. Yo dije fielmente: "voy a escribir una carta a mi sobrino Giovannino. Solamente escribiré su nombre en el sobre, porque nosotros no sabemos donde está. Usted y su Ángel Guardián llevarán le llevarán la carta. “El Padre Pío no contestó, yo escribí la carta, y la dejé en mi mesa de noche, para por la mañana siguiente entregarla al Padre Pío.  Para mi gran sorpresa,   asombro y miedo; la carta se desapareció. Inmediatamente le dì gracias al Padre Pío y él me dijo: "Dé sus gracias a Nuestra Señora". Casi quince días después nuestro sobrino contestó  la carta.  Entonces todos en nuestra familia estábamos contentos; y dando gracias a Dios y al Padre Pío."
Durante la segunda guerra  mundial, el hijo de  la señora Luisa; Oficial de la Marina Real Británica, era motivo de angustia para su madre; pues ésta oraba todos los días por la conversión  y la salvación de su hijo. Un día llegó un peregrino inglés a San Giovanni Rotondo, y trajo algunos periódicos ingleses. Luisa quiso leerlos. Ella leyó la noticia del hundimiento del barco en que su hijo viajaba Llorando va a ver al Padre Pío quien la consoló inmediatamente: ¿Quién le ha dicho que su hijo está muerto? De hecho, el Padre Pío; le pudo explicar exactamente el nombre y la dirección del hotel en dónde estaba su hijo, después de que él escapó del naufragio en el Atlántico. Él se acomodó en ese Hotel, mientras esperaba un nuevo cargo. Inmediatamente Luisa le envió una carta; y a los 15 días,  su hijo le respondió.
Había una mujer tan noble y buena en San Giovanni Rotondo que el Padre Pío dijo que era imposible, de encontrar cualquier falta en su alma, para perdonar. En otros términos; ella vivió para ir al cielo. Al final de la Cuaresma, Paolina, estaba tremendamente enferma. Los doctores no daban esperanzas. Su marido y sus cinco niños fueron al convento a orar  al Padre Pío y pedirle ayuda.  Dos de los cinco niños tiraron del hábito del Padre Pío y lloraron. ¡Pío Padre se perturbó; e intentó consolarlos y prometió orar por ellos, nada más!  Algunos días después, al principio de la Séptima hora,  las cosas cambiaron. De hecho él pidió por Paulina, para que sanara y dijo a todos: "Ella  se recuperará el Día de Pascua. Pero durante el viernes santo, Paolina perdió la conciencia, y el sábado entró en estado de coma; finalmente, después de algunas horas Paolina murió. Algunos de sus parientes tomaron su traje de novia para ponérselo según una vieja tradición. Otros parientes corrieron al convento para pedirle un milagro al Padre Pío. Él les contestó: "Ella  resucitará” y  fuè al altar para dar la Santa Misa. Cuando el  Padre Pío empezó a cantar el Gloria y el sonido de las campanillas que anuncian la resurrección de Cristo, la voz del Padre Pío rompió en llanto y sus ojos estaban llenos de lágrimas. En el mismo momento Paolina resucitó y sin ninguna ayuda ella bajó de la cama, ella se arrodilló y  oró tres veces el Credo. Luego se levantó y sonrió. "Ella resucitó". De hecho el  Padre Pío no había dicho, "ella se recuperará" sino "ella resucitará". Cuando le preguntaron, que le pasó durante el tiempo que ella estaba muerta; contestó: "Yo subí, subí, subí; hasta que entré en una gran luz,  y de pronto regresé.
Testimonio de una madre: “Mi primera hija,  nació en 1953; el  Padre Pío, le salvó la vida en forma repentina y milagrosa, hacen 18 meses. En la mañana del 6 de enero de 1955 mi marido y yo estábamos en la iglesia para asistir a la Santa Misa  y nuestra hija estaba en casa con su abuelo. Repentinamente aconteció un accidente,  y nuestra hija se quemó con una olla de agua caliente. La quemadura era tan grande como grave; le abarcaba desde el estómago hasta la parte de atrás. El doctor recomendó hospitalizarla inmediatamente; porque podía morirse debido a su estado de suma gravedad... Por esta razón él no nos dio ninguna medicina.  Desesperada al ver moribunda a mi hija, en lo que el doctor se fuè; invoqué fuertemente al Padre Pío, que interviniera urgentemente, mientras me preparaba  para llevarla al hospital, ya casi era la hora del medio día; cuando de pronto la niña que estaba sola en su cuarto me llamó “Mamà, mamà, ya no tengo ninguna herida”. ¿Y quién ha desaparecido tus heridas, pregunté asustada y con gran  curiosidad? Ella contestó. “mamà el Padre Pío vino, él sanó mis heridas poniendo sus manos llagadas sobre mi quemadura”. Para asombro de todos, realmente no había ninguna seña ni marca de que hubiera alguna quemada; el cuerpo de mi hija estaba completamente sano, y pensar que unos minutos antes el medico la desahució.
Los campesinos de San Giovanni Rotondo recuerdan con gran alegría el evento siguiente. Era en primavera, florecieron los árboles de almendras prometiendo una buena cosecha. Pero desgraciadamente millones de orugas voraces llegaron y devoraron  las hojas y  las flores.  No dejaron ni siquiera la cáscara. Después de dos días y después de intentar detener esa invasión, los campesinos  estaban muy preocupados, ya que para muchos de ellos las almendras eran el único recurso económico - decidieron contarle al Padre Pío el problema. El Padre Pío tenía una hermosa  vista de  los árboles a través  de su ventana  en el convento y  decidió bendecirlos.  Se puso las sagradas vestiduras y empezó a orar. Cuando  terminó, tomó el agua bendita e hizo la señal de la Cruz en el aire, en  dirección a los árboles. De inmediato desaparecieron las orugas, y al día siguiente de que las orugas habían desaparecido,  los árboles de  almendras,  parecían nuevamente tener los retoños. Era un desastre; la cosecha  estaba perdida.  ¡Lo que pasó luego es realmente increíble!  Teníamos de repente la cosecha más abundante; ¿Cómo es posible que tuviéramos una cosecha más abundante que las que normalmente teníamos? Antes nunca, en tiempos normales habíamos tenido una cosecha así. Los científicos nunca han podido dar una explicación a éste fenómeno.
En el jardín del convento habían varios tipos de  árboles; los cipreses, algunos de fruta y algún pino. Sobre todo por las tardes de verano, el Padre Pío disfrutaba del clima, en la sombra, junto con sus amigos, y algún invitado, Una vez cuando el Padre Pío estaba hablando con algunas personas, repentinamente muchísimos pájaros comenzaron a cantar y a hacer  ruido a la sombra de los árboles. Los pájaros habían compuesto una sinfonía allí; Mirlos, gorriones, y otras especies. El Padre Pío se molestó por la sinfonía, y  mirando a los pájaros les dijo: “silencio "  En ese mismo instante, los pájaros, los grillos y las cigarras se quedaron callados.  ¡Las personas que estaban en el jardín, se encontraban profundamente sorprendidas! De hecho el Padre Pío había hablado a los pájaros, al igual que  San Francisco. 
Otro testimonio, de un señor que contó: “Mi madre vino de Foggia y era una de las primeras hijas espirituales del Padre Pío. Ella le había pedido al Padre Pío la conversión  y protección  de mi padre"; cuando en abril de 1945 lo iban a fusilar. Él se encontraba delante del pelotón de fusilamiento; cuando de pronto viô al padre Pío delante de él  para protegerlo. El comandante del pelotón dìò  la orden de disparar; pero ningún tiro se disparó de los rifles que lo apuntaban Los siete miembros del pelotón y su comandante, sorprendidos, verificaron sus rifles y no encontraron ningún problema. Así que el pelotón; apuntó  de nuevo a mi padre, y el comandante pidió a sus soldados; disparar de nuevo, Y nuevamente ocurre lo mismo. Los rifles no funcionaron. Esta realidad misteriosa e inexplicable interrumpió la ejecución. Mi padre regresó a casa y se convirtió, recibió  los santos sacramentos en San Giovanni Rotondo cuando fuè a agradecer al Padre Pío. De esta manera mi madre obtuvo los milagros que ella siempre había pedido al Padre Pío: ¡la conversión de su marido!
Testimonio del Padre Honorato: “Yo fui a San Giovanni Rotondo con un amigo  en motocicleta. Llegué al convento algunos minutos antes del mediodía. Dando mis respetos al superior, me dirigí al confesionario a saludar  al Padre Pío y  besar su mano. Debe tenerse en cuenta que mi modelo de  motocicleta se llamaba  "avispa". Al verme el Padre  Pío me dijo: “Muchacho,  ¿la "avispa" lo pinchó? " Yo estaba bastante sorprendido: de hecho el Padre Pío no me había visto cuando  llegué al convento, pero él sabía qué tipo de transporte yo usaba. La mañana siguiente  de que nosotros dejamos a San Giovanni Rotondo con mi "avispa"  y partimos a San Miguel, el pueblo cercano a San Giovanni Rotondo. El tanque de gasolina iba vacío, por lo que  nosotros decidimos llenarlo en Monte San Angelo. Pero en cuanto nosotros alcanzáramos ese pueblo pequeño se nos presentó un problema: todas las bombas de gasolina estaban cerradas. De manera que decidimos regresar a San Giovanni Rotondo. Realmente nosotros esperamos encontrar a alguien en el camino que pudiera darnos un poco de gasolina. En primer lugar yo estaba angustiado por mis hermanos del convento, porque iba a llegar tarde a la hora del almuerzo; cosa que no es gentil... Pero sin la gasolina, a  los pocos kilómetros, la moto empezó a hacer  ruido y se detuvo. Verificamos el tanque, y estaba vacío. Con  tristeza  le dije a mi amigo, que teníamos sólo diez minutos para llegar al convento y almorzar con nuestros hermanos. No encontrábamos ninguna solución, y por esta razón, mi amigo, dìò un puntapié al pedal. ¡Increíble! ¡La motocicleta arrancó de nuevo! Emprendimos inmediatamente el viaje a San Giovanni Rotondo sin preguntarnos  la razón  de porque la motocicleta había arrancado sin  gasolina. Cuando llegamos a mitad del convento  la motocicleta paró de nuevo. Destapamos el tanque y vimos que todavía estaba seco. Asombramos miramos nuestros relojes: era diez minutos antes de la hora del almuerzo. Significaba que nosotros, habíamos cubierto quince kilómetros en un promedio de 180 kilómetros por hora. ¡Sin la gasolina! Yo entré  al convento mientras los hermanos estaban bajando para el almuerzo, y cuando  Fuì a buscar  al padre Pío, éste; se quedó mirándome y se reía.
En mayo de 1925.  María tenía su bebé enfermo de nacimiento. María estaba muy angustiada por su bebé. De hecho, después de una visita médica, le dijeron que su niño tenía una enfermedad muy complicada. No había esperanzas para él: jamás  se podría recuperar.  María decidió ir en tren a San Giovanni Rotondo. Ella vivía en un pueblo pequeño al sur de Puglia, pero escuchando los milagros del Padre Pío, del fraile que tenía los estigmas de Jesús y que hacía  milagros, a los enfermos y daba  esperanza a los desgraciados; surgió en ella una gran fe e  inmediatamente se fuè de viaje, pero durante el trayecto  el bebé se murió. Ella había vigilado su cuerpecito toda la noche, y lo puso en la maleta y la  cerró...  Al día siguiente de ver morir a su hijo, estaba en el convento de San Giovanni Rotondo.  ¡Ya no había ninguna  esperanza! El niño estaba muerto. Pero Maria no había perdido su fe. Por la tarde  estaba delante del Padre Pío. Se encontraba en la  fila de la confesión y tenía en sus manos la maleta que contenía el cadáver de su hijo. Se había muerto veinticuatro horas antes. Se arrodilló delante del Padre Pío y  lloró desesperadamente suplicándole ayuda. Él la miró profundamente. La madre abrió la maleta, y le mostró el cadáver de su hijo  al Padre Pío. El pobre Padre se condolió hasta las entrañas por el dolor de ésta madre. Tomó el pequeño cuerpo y puso sus manos estigmatizadas en su cabeza, y entonces  oró mirando al cielo. Después de un rato, la  pobre criatura  estaba viva de nuevo. Un gesto, un movimiento de los pies, los brazos... parecía dormido y simplemente se despertó después de un sueño largo. Hablando a la madre le dijo: "¿Mima, por qué usted está llorando? Su hijo está durmiendo " La madre y los gritos de la muchedumbre llenaron  la iglesia. ¡Todos hablaban sobre el gran milagro! 
Un ingeniero decidió quedarse hasta tarde en el convento, pero cuando decide irse comenzó a llover... Así que él le dijo al Padre Pío: "Yo no tengo ningún paraguas " "¿Podría quedarme aquí hasta por la mañana? Si no,  me mojaré." - "Yo lo siento mi estimado, no es posible. ¡Pero no se preocupe! ¡Yo lo acompañaré! “le contestó el  Padre Pío. Pero el ingeniero pensó que habría sido mucho mejor no hacer esa penitencia, sin embargo, podría ser menos riguroso con la ayuda del Padre Pío. Se puso su sombrero, y empezó a caminar dos millas entre el convento y el pueblo. Pero en cuanto él salió  viô con sorpresa que ya no estaba lloviendo. Simplemente había un pequeño rocío cuando llegó a su casa. "Mi Dios", la mujer exclamó, cuando abrió la puerta "Usted también debe estar  mojado hasta  los huesos”  “en absoluto" el ingeniero contestó - "no está lloviendo". Los campesinos que estaban enmudecen: "¿Qué! ya no está lloviendo? ¡Está vertiendo! ¡Escuche! “ellos abrieron la puerta de nuevo y estaba lloviendo demasiado fuerte Y le contaron que había estado lloviendo durante una hora sin  interrupción. "¿Cómo usted pudo venir sin mojarse? Ellos le preguntaron. El ingeniero contestó: "El Padre Pío me dijo, que me acompañaría"; entonces, los campesinos comprendieron que había sido un milagro más  del Padre Pío. "Ahora todo está claro, y se encontraron en la cocina para cenar cuando la mujer dijo: "Con seguridad la compañía del Padre Pío es mucho mejor que un paraguas " 
Un señor de Ascoli Piceno (una ciudad italiana) dijo: "Hacia el fin de los años 1950, yo fuì a San Giovanni Rotondo con mi esposa, a la confesión, y antes de que yo recibiera la absolución, después del consejo del Padre Pío y  efectuada la penitencia. Por la tarde  estaba todavía en el convento y el Padre Pío me viô de nuevo y me dijo: ¿Usted todavía está aquí?  "Mi ratón no arrancó" le contesté: ¿Qué es exactamenteel ratón? el Padre Pío preguntó "Es mi automóvil" contesté. “Vamos y démosle una mirada" me dijo. Él me invitó a dejar el monasterio, cosa  que nosotros hicimos sin ningún problema. Nosotros viajamos toda la noche y por la mañana siguiente, lo llevé al mecánico.  Quién me dijo, después del chequeo; que el sistema eléctrico del automóvil estaba descompuesto. Y él no me creyó cuando  le dije que yo había viajado con el automóvil toda la noche. De hecho era imposible  cubrir doscientas millas, entre San Giovanni Rotondo y Ascoli Piceno, con el carro en aquél estado, entonces yo comprendí que el Padre Pío me había ayudado, yo le agradecí en mi mente, y estoy seguro que me ha escuchado. 
Testimonio de una buena mujer pero algo tímida. Nunca era necesario repetir la misma frase al Padre Pío. Bastaba con pedírselo mentalmente. El esposo de esta buena mujer se encontraba muy enfermo. Ella corre al convento en busca de ayuda. Pero no sabía como localizar al Padre Pío, pues para una confesión, había que esperar hasta 3 días. Así durante la  Santa Misa ella estuvo todo el tiempo de pie y caminaba de un lado al otro de la Iglesia. Finalmente  decidió decirle   su problema, y pidió en ese instante la ayuda del Padre Pío a Nuestra Señora. Así, al final de la Santa Misa, cruzó nuevamente la iglesia para hablar con él... Finalmente ella logró  alcanzar el corredor por donde el pasaría. En cuanto el padre Pío la miró, le dijo: "mujer que poca fe, ¿cuándo usted pedirá mi ayuda finalmente? ¿Usted piensa que yo soy sordo? Usted ya me lo ha dicho cinco veces, cuando usted estaba delante de mí, detrás de mí, a  mi derecha y a mi izquierda. ¡Yo entendí! ¡Yo entendí! ¡Vaya a su casa! Todo està bien. Cuando llegò a su casa; su esposo estaba completamente sanado.
En la crónica del convento, en la fecha del 23 de octubre de 1953, se puede leer esta anotación. 
"Esta mañana la Señorita Amelia Z., ciega nata, de 27 años, ha venido desde la provincia de Vicenza y ha recibido la vista. Después de su confesión ella le ha preguntado al Padre Pío por su vista. El Padre le ha contestado: "Ten fe y ruega mucho". En el mismo instante la joven chica vio al Padre Pío: el rostro, la mano que bendijo, los medios guantes que escondieron los estigmas.  La vista ha ido rápidamente aumentando, hasta que la joven ya vio bien de cerca. Le dijeron al Padre Pío acerca del milagro y él dijo: "Demos gracias a Dios." 
Luego la joven los preguntó al padre Pío si tendría la vista completa y contestó: “poco a poco vendrá todo."
 
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